No. 6 – Y todo por culpa de Quino y Mafalda
- Alejandro Felix de Souza
- 11 oct 2020
- 2 Min. de lectura

Recuerdo cuando era muy pequeño, a principios de los años setenta, cómo devoraba las tiras que Quino (Joaquín Salvador Lavado), con su inefable “alter ego” que era Mafalda, esa niña curiosa, cuestionadora y contestataria, publicaba (en esa época) en la revista “Siete Días”, y misteriosamente, en medio de la dictadura militar de Uruguay, en el diario “El País”, el legendario periódico uruguayo. Fue con Mafalda y Plaza Sésamo que aprendí a leer muy tempranamente, para sorpresa de mis padres, familiares y vecinos.
Mi Mamá recordaba siempre (y me lo dijo con lágrimas antes de que subiera al avión que me llevaría a vivir a Japón) que una vez, cuando tenía 5 años, estaba molesto con ella y le dije una frase “si no dejas de molestarme, me voy a ir a vivir a Japón”. Cuando me preguntó qué era eso de Japón, y yo le contesté que “era un país que quedaba muy lejos”, y que “lo había visto en Mafalda”. Pasaron muchos años y en los años noventa, ya veinteañero, me tocó ir a trabajar a Japón durante casi una década, una experiencia que, como muchos saben, cambió totalmente mi perspectiva del mundo, de la vida, y de mi interpretación de ambas.
Mamá y Papá contaban divertidos que desde ese momento en que comencé a leer Mafalda, tuve un marcado interés por los asuntos internacionales, lo que los llevó a comprarme enciclopedias, mapas, y ponerme a estudiar los cuatro idiomas extranjeros que, terminando la adolescencia, ya dominaba con fluidez, y que fueron fundamentales en mi recorrido profesional futuro.
Obviamente, cuando mi querida profesora de sociología en Secundaria, que luego fue mi colega en el servicio diplomático, Pamela Vivas, me preguntó hacia dónde quería orientar mi vocación (ya que iba a traer a profesionales en el campo de las vocaciones que interesaban a los alumnos) dije, muy seguro de mi mismo, que me interesaban la diplomacia y los asuntos internacionales.
Habiendo tenido una influencia muy fuerte de Quino y Mafalda en la decisión de que el mundo, y no la comarca, iba a ser el motivo de mis desvelos y esfuerzos profesionales e intelectuales, no pude menos que sentirme muy triste de que este genio que plasmaba en tiras de tres o cuatro cuadros semanales, profundas y tremendas enseñanzas, dejara este mundo hace unos días.
Quedan en nuestras bibliotecas y en nuestras mentes frases increíblemente poderosas y “marcadoras” de toda una vida, algunas increíblemente vigentes. Gracias Maestro por haberme “inflingido” esta hermosa vocación de pensar el mundo!
En su recuerdo, comparto este video, de muchos que hay, que nos revelan la admiración que despertaba a ambos lados del océano (tiene inclusive ediciones en japonés y en chino): el video es la entrega, muy merecida y aplaudida, del Premio Principe de Asturias. Alimento para la mente y el espíritu, en medio de un año muy difícil para nuestra patria panameña, y para la Humanidad.
Que lo disfruten!
Saludos de Alejandro Félix de Souza



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