No. 8 – Un “Fueguito”: La maravillosa historia de un argentino de una ciudad del interior
- Alejandro Felix de Souza
- 25 oct 2020
- 3 Min. de lectura
Que hace 45 años presentó al mundo uno de los principales descubrimientos de la bioquímica, con beneficios que nos ayudan hasta nuestros días.

En 1981, cuando tenía 13 años, descubrí una vocación que, con altibajos, me ha acompañado desde entonces y es un interés intelectual para toda la vida, y es la fascinación por la biología molecular. Ese año me gané un premio en una Expo-ciencia con una maqueta de madera, alambre y cerámica donde reproduje, con una altura de casi dos metros, la doble hélice de la estructura del ADN, cuya estructura bi-dimensional propusieron James Watson y Francis Crick en abril de 1953 en la revista Nature: esta fue, sin dudas, una de las proposiciones científicas más importantes del siglo.
Fue en la misma institución en la Universidad de Cambridge donde trabajaron Watson y Crick, junto a otros colegas científicos (quizás una de las constelaciones científicas más brillantes reunidas en un mismo lugar en la historia de la ciencia), en el descubrimiento de la estructura del ADN, donde un argentino del interior, de Bahía Blanca (aquella ciudad que todos cuando éramos niños casi que escuchamos por primera vez, en el cuento “Marco: de los Apeninos a los Andes”, de ese formidable libro para la educación del carácter de un niño que es “Cuore”, de Edmundo D´Amicis), produjo otro descubrimiento igualmente revolucionario, y que marcó toda una dirección para la bioquímica, la medicina, y la farmacéutica: los anticuerpos monoclonales.
Fue por la publicación en 1975, junto a George Kohler, de su famoso trabajo sobre la técnica para producir anticuerpos (las proteínas encargadas de combatir la presencia de cuerpos extraños, les suena conocido con esta situación del COVID?) con la misma estructura química, que llamó anticuerpos monoclonales, que obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1984.
Las aplicaciones de los anticuerpos monoclonales son hoy prácticamente ilimitadas: se usan como antitrombóticos en operaciones coronarias y angioplastías, para combatir diferentes tipos de cánceres, entre ellos el de mama, el colorectal, la leucemia linfoide, melanomas metastásicos, psoriasis, enfermedad de Crohn, artritis reumatoide, asma de origen alérgico, esclerosis múltiple, la degeneración macular, la fibrosis pulmonar, entre otros. Por el rol fundamental que cumplen en fortalecer el sistema inmunitario, están llamados a jugar un rol importante en la batería de posibilidades para lograr la inmunización a largo plazo contra el COVID-19.
En el fantástico documental que sigue, podemos conocer la maravillosa historia de una persona que, a pesar de haber realizado uno de los descubrimientos científicos más importantes de los últimos cuarenta años, en lugar de patentarlo y haberse vuelvo multi-millonario con la propiedad intelectual de su descubrimiento, tomó una decisión ética y humanista, de poner su descubrimiento a libre disposición, para el bien de la humanidad.
Su nombre: César Milstein. Su sobrina Ana Fraile produjo hace casi 20 años un documental premiado, que nos acerca, de una manera cercana, entrañable, casi como si fuéramos parte de la familia, la evolución de una familia de inmigrantes judíos en el sur de Argentina, de la que salió un niño inquieto y travieso que en la infancia descubrió su pasión por la ciencia. Recordando el hermoso cuento corto “Un Mar de Fueguitos”, de Eduardo Galeano, el documental se llama “Un fueguito”.
Este es un documental tremendamente inspirador, que nos permite cerrar la semana con un agradecimiento a personas como Milstein, y nos reconcilia con el género humano. Por “fueguitos” como el Dr. Milstein, tenemos esperanza en las posibilidades de la Humanidad.
Que lo disfruten con su familia y seres queridos!
Alejandro Félix de Souza
Y debajo, les copio el link “Fueguitos” en la voz del irrepetible Eduardo Galeano.



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