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No. 45 – “Made and Cared in Japan” – Un señor muy joven con ocupaciones enormes: La educación del carácter en Japón

Actualizado: 16 dic 2025



Estimados amigos:

 

Una de las experiencias más maravillosas de nuestra vida en Japón fue cuando tuvimos a nuestro hijo en la clínica hospital infantil Aiiku Byoin, que fue toda una aventura. Aiiku Byoin es una clínica hospital creada por la Familia Imperial en 1934, hace 90 años, luego del nacimiento del Emperador Emérito Akihito para fomentar un centro de investigación científica y la cultura de atención especializada en obstetricia y materno-infantil. Hoy, Japón es el país del mundo con la menor tasa de fallecidos al nacer. Desde entonces, Aiiku Byoin está abierta al público y es el lugar donde nacen todos los bebés de la Familia Imperial, incluyendo el actual Príncipe Heredero, que nació en 2006, un par de meses antes de nuestro hijo menor, Fernando.

 

Fue solo unas horas después de que nació nuestro primer bebé, Rafael Andrés, que nos enteramos por una de las enfermeras que el doctor que atendió nuestro parto era el médico de confianza de la Familia Imperial para todos sus partos. Dado que el de Rafael Andrés fue un parto natural que demoró 46 horas desde que Gaby rompió fuente, tuvimos mucha interacción con el doctor y con las enfermeras, que tenían esa dedicación mística al paciente, reflejada en el refrán “O kyaku ga sama” (“el honorable cliente es un dios”).

 

Lo interesante de todo el proceso fue darme cuenta de cómo en Japón, ya en ese entonces un país de muy baja natalidad, hay toda una mentalidad social de aprecio y cuidado por los bebés y los niños pequeños. A nosotros no nos dejaron salir del hospital hasta bien pasada la semana luego del parto, lo que le permitió a María Gabriela descansar e interactuar con el bebé, mientras que mi jefa Zulma, su personal de apoyo en la casa, y yo trabajábamos a todo vapor para tener listo el cuarto de Rafael, ya que se había adelantado a su fecha en un par de semanas.

 

Tuvimos la fortuna de que durante casi dos años, pudimos criar a nuestro primer hijo con mucha dedicación, en un país donde hay una casi veneración por los bebés y los niños pequeños. Como a Rafael lo tuvimos en una época en que estaba haciendo mi Maestría en Negocios Internacionales y Culturas Comparadas, tenía la oportunidad de pasear bastante con él por el vecindario, a veces por horas.

 

Esos paseos eran interrumpidos frecuentemente por personas que se acercaban a ver la carita de Rafael y me decían “aaahhh! Aka-chan! Kawaii-nee! O namae wa?”, cuya traducción podría ser algo así como “Aaahhh! ¡Qué simpático el bebé! ¿Cómo se llama?”. Era muy divertido ver cómo, con el correr de los meses, Rafael, el único bebé del vecindario, era consentido por los vecinos y transeúntes. Algunos de los más curiosos eran los niños, que no siempre podían ver “en vivo y en directo” a niños extranjeros.

 

En estos días, buscando entre las bibliotecas de casa, revisité las fotos de esos mágicos primeros meses de Rafa-chan (así se les dice a los bebés y niños pequeños en Japón, con el sufijo “chan”). Recordé un programa de televisión que me encantaba ver en los noventa, que se llamaba “Hajimete no Otsukai”, que se está transmitiendo actualmente en segmentos en Netflix, con el título “Old Enough”, y que ha capturado la atención y los corazones de audiencias tanto en Japón como en el extranjero.

 

Este programa, que se traduce como "Mi Primer Mandado", presenta a niños pequeños, generalmente de entre dos y cinco años, en su primera experiencia de realizar una tarea sencilla sin la supervisión directa de un adulto. Aunque la premisa puede parecer simple, el programa ofrece una visión profunda y conmovedora sobre la cultura, la educación y la autonomía infantil en Japón.

 

El programa se estrenó por primera vez en 1991 y ha sido un éxito constante en la televisión japonesa desde entonces. Producido por Nippon Terebi (Nippon Television), "Old Enough" ha producido varios episodios especiales a lo largo de los años, mostrando a niños de diferentes regiones de Japón enfrentándose a sus primeras misiones en solitario. La popularidad del programa radica en su capacidad para capturar momentos genuinos de valentía, ingenio y crecimiento personal en los niños. Cada episodio, cuidadosamente producido, refleja la diversidad geográfica y cultural del país, destacando cómo la crianza y las expectativas pueden variar de una región a otra.

 

Cada episodio de "Old Enough" sigue una estructura similar. Los padres explican a su hijo o hija la tarea que deben realizar, que puede ser tan simple como ir a la tienda de la esquina a comprar un artículo específico o llevar una comida a un miembro de la familia. Las cámaras, discretamente posicionadas, capturan cada paso del niño mientras navega por el mundo real, enfrentando desafíos y tomando decisiones por sí mismo. Aunque los equipos de filmación están presentes, las cámaras están disfrazadas y los camarógrafos se aseguran de no interferir, permitiendo que la experiencia sea lo más auténtica posible.

 

La espontaneidad de los niños y la autenticidad de sus reacciones son el corazón del programa. Es fascinante observar cómo cada niño aborda su tarea con una mezcla de seriedad, curiosidad y, a veces, un toque de travesura. Los pequeños protagonistas muestran una sorprendente capacidad de adaptación y resolución de problemas, lo que subraya la importancia de confiar en las habilidades innatas de los niños para enfrentar el mundo.

 

"Old Enough" ofrece una visión fascinante de la forma en que se valora la autonomía infantil en la cultura japonesa. En Japón, es común que los niños adquieran responsabilidades desde una edad temprana. Este enfoque en la independencia y la responsabilidad es un componente clave del sistema educativo y la crianza en Japón. Los padres japoneses suelen animar a sus hijos a realizar tareas cotidianas, lo que fomenta la confianza y la capacidad de enfrentar desafíos.

 

Esta práctica se extiende más allá del hogar y se integra en la vida escolar y comunitaria. Desde una edad temprana, los niños japoneses participan en actividades como limpiar sus aulas, servir el almuerzo a sus compañeros y organizar eventos escolares. Este enfoque colectivo y colaborativo fomenta un sentido de comunidad y responsabilidad que se refleja en la vida adulta.

 

El programa no solo muestra la capacidad de los niños para realizar tareas simples, sino que también destaca importantes lecciones y valores. A través de sus aventuras, los niños aprenden sobre la planificación, la resolución de problemas y la toma de decisiones. Además, el programa resalta la importancia de la comunidad, ya que a menudo, vecinos y comerciantes locales ofrecen su apoyo a los pequeños aventureros.

 

Estas interacciones con la comunidad no solo ayudan a los niños en sus tareas, sino que también refuerzan la idea de que son parte de un tejido social más amplio, mucho más extendido que el de sus padres y hermanos. Los adultos en el programa suelen mostrar dosis de paciencia y formas de apoyo que sirven como modelos positivos para los niños, demostrando cómo la sociedad, en un sentido más amplio, puede jugar un papel en la crianza y el desarrollo de los más jóvenes.

 

"Old Enough" ha ganado una gran popularidad fuera de Japón, especialmente a través de plataformas de streaming como Netflix, que han permitido a las audiencias internacionales disfrutar de este encantador programa. La simplicidad y la sinceridad del programa resuenan con espectadores de todas las edades y culturas, ofreciendo una perspectiva refrescante sobre la crianza y la educación infantil.

 

La popularidad internacional de "Old Enough" ha llevado a comparaciones con prácticas de crianza en otros países. Muchos espectadores occidentales han encontrado la premisa del programa sorprendente, ya que en muchas culturas, la idea de permitir que niños tan pequeños realicen tareas por sí mismos puede ser vista como arriesgada o irresponsable. Sin embargo, el éxito del programa demuestra que, con el apoyo adecuado, los niños son capaces de manejar responsabilidades y aprender valiosas lecciones de vida.

 

Aunque "Old Enough" ha sido ampliamente elogiado, también ha suscitado debates sobre la seguridad y la ética de dejar a niños tan pequeños realizar tareas sin supervisión. Los defensores del programa— argumentan que se toman todas las precauciones necesarias para garantizar la seguridad de los niños, mientras que los críticos cuestionan si estas experiencias pueden ser estresantes para los pequeños. Este debate refleja diferencias culturales en la percepción de la autonomía infantil y la protección.

 

Algunos expertos en desarrollo infantil han señalado que la experiencia de realizar tareas sencillas de forma independiente puede ser muy beneficiosa para los niños, ya que fomenta la confianza en sí mismos y la competencia. Sin embargo, también es crucial asegurar un entorno seguro y de apoyo para que estos primeros pasos hacia la independencia no se conviertan en una fuente de ansiedad o peligro.

 

"Old Enough" es más que un simple programa de televisión; es una ventana a la cultura japonesa y a los valores que se inculcan en los niños desde una edad temprana. Al celebrar la valentía y la capacidad de los niños para enfrentar el mundo por sí mismos, el programa nos invita a reflexionar sobre nuestras propias prácticas de crianza y a reconsiderar la importancia de la independencia y la responsabilidad en el desarrollo infantil.

 

En última instancia, "Old Enough" nos recuerda que, a pesar de su corta edad, los niños son capaces de grandes cosas cuando se les da la oportunidad de demostrarlo. El éxito y la longevidad de "Old Enough" subrayan un mensaje universal: los niños, con su espíritu indomable y su capacidad para sorprendernos, tienen mucho que enseñarnos sobre el valor de la confianza y el poder de la autonomía.

 

Algo de esto también lo cuento en mi libro sobre Japón, que en su Capítulo 5 “Un señor muy joven con ocupaciones enormes: la dura vida de un niño japonés”, abre de la siguiente manera:


“A los cinco años, el joven Masahisa está tan ocupado como un ejecutivo de mandos medios de una corporación japonesa. Durante seis días a la semana, concurre al jardín de infantes, y su agenda incluye, después que sale del kindergarten, clases de natación, piano, inglés y caligrafía. Mantener a Masahisa tan ocupado luego del jardín de infantes tiene un alto costo para su familia, algo superior a unos doscientos o trescientos dólares estadounidenses por mes.


Claro que esta rutina está bastante lejos de constituir un hecho anormal para un niño japonés de su edad. En Japón, la olla de presión educacional-laboral se enciende desde muy temprano, y el apremio por triunfar se va intensificando hasta aproximadamente los dieciocho años, edad en la que la mayoría de los estudiantes se presenta a los exámenes de ingreso a las universidades. Ello trae como consecuencia el que, aún antes de comenzar la escuela primaria, muchos niños japoneses tienen clases privadas en las más diversas materias. El niño japonés, parafraseando el título del cuento de Gabriel García Márquez (“Un señor muy viejo con unas alas enormes”), tiene, efectivamente, enormes ocupaciones para tan temprana edad.”

 

Para entender un ejemplo “muy heterodoxo” de cómo se forma el carácter y la resiliencia de los japoneses desde temprana edad, no dejen de ver el tan sorprendente como entretenido show “Old Enough” en Netflix (lo pueden ver con subtítulos en inglés y en español, y no se pierde tanto en la traducción).  Es toda una cápsula de japonología y “culturas comparadas”, dos de las áreas de conocimiento más cercanas a mi corazón.

 

¡Que tengan un feliz domingo, los saluda su amigo “biológicamente optimista”!


Alejandro Félix de Souza

 
 
 

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